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jueves, 24 de marzo de 2011

EL ELOGIO DE LA VOLUNTAD

TRIBUTO AL CIELO by ElAlispruz
TRIBUTO AL CIELO, a photo by ElAlispruz on Flickr.
En los ambientes "intelectuales" parece que la inteligencia es lo que prima, ésta es sinónimo de grandeza o de reconocimiento pero ¿acaso es lo que realmente vale? Los "intelectuales" son (somos) tan brutos que no se dan cuenta que la inteligencia no hace belleza, que el acto humano corresponde a la voluntad. Pero ¿cuál es el elogio de la voluntad?

Poderosa voluntad que haces hecho, verdad y belleza, eres acto y no carreta, tributas en el silencio más que millones de palabras de un poeta. En ti está el amor, dichoso y hermoso placer que, aunque duela, lleva al alma a multiplicar el bien. Eres más que el conocimiento que se rinde ante tus pies, te reconoce como el rey, como en últimas lo que hace ser. Amar y ser corresponden a la voluntad, imagen y representación -en últimas falsedad- corresponden al entendimiento... ¿De qué sirve conocer la importancia del amor si no amo? ¿De qué sirve la ciencia absoluta de la virtud si no la quiero? ¿De qué sirve el espejo del ser mismo si no soy? Loada voluntad que con tus actos nos liberas de la desesperación del entendimiento...

Se insta a la inteligencia, al mejor estilo del error socrático acerca del pecado, a conocer el bien y al mal, pero ¿de qué sirve aprender a conocerlo sin aprender a quererlo? Los problemas del mundo no son éticos, son estéticos: ¡hay el gozo que encontraríamos volviendo a Epicuro! 

De Sócrates, Epicuro, San Agustín, Ockham, Kierkegaard, Nietzsche, Chesterton ¿por qué no los han escuchado los intelectuales? La razón es simple, la verdad, la autenticidad permitiría conocer el engaño de la academia, al pavo real, al inepto diplomado (como yo), al ignorante que se oculta tras el velo del no-ser. ¿Qué pasaría si supieran que utilizan el conocimiento como arma para ocultar su desesperación? La academia posee un exceso de infinito y de necesario, dos modalidades de desesperación -para Kierkegaard- que se olvidan del acto, el exceso de necesario es la causa del moralismo, el de infinito de la carreta. Pero ¿acaso no estamos en el finito? ¿Acaso nuestro actuar no debe ser posible? Muchos podríamos echar carreta del imperativo categórico de visitar a Plutón una vez en la vida pero ¿qué sentido tiene si la voluntad no lo alcanza? ¡Desesperación! ¡Discordancia!

Placer, dolor: INCENTIVOS. El bien y el mal no son más que placer y dolor, el problema es que no somos prudentes en su búsqueda: ¡no propongo el utilitarismo vicio de intelectuales que me intenta reemplazar en lo que quiero! Propongo volver a conocer lo que nos mueve para lograr con fuerza el ser. 

La voluntad es auténtica, no es retórica, se basa en el hecho y no en el discurso. La voluntad es poema, fuerza, capacidad, "voluntad de poder". ¿Acaso la mente nos lleva a la cueva de Zarathustra? Un mapa podrá ser cualquier cosa menos el entorno que representa, por eso es falso, porque dice para otro, pero de sí nada... 

No desprecio la inteligencia, también tengo el vicio del intelectual, ésta es necesaria pero para fijar, querer, amar, mejor...La inteligencia es la sierva de la voluntad, sierva útil, pero sierva al fin y al cabo. 

Hemos llamado bueno al que carece de acto y posee discurso. Pero ¿es el niño bueno que no actúa bueno realmente? ¿Cómo podemos ser sin actuar? Nada soy porque nada he actuado, peor es que ser malo es no ser ni bueno ni malo... o lo que llaman "niño bueno". "Te creo capaz del mayor mal, por eso, espero de ti el bien" dice Nietzsche poniéndolo en boca del maestro Zarathustra. La voluntad nos mueve entre dos caminos, como diría Fernando González, y entre más nos movamos, mayor es nuestra voluntad. Sin la voluntad no podríamos odiar, pero ¿podríamos amar? ¿Podríamos sentir la belleza del pelo de la amada rozando suavemente nuestra piel? ¡Esa es la prueba de Dios! ¡Es la sexta vía de su existencia! La posibilidad del mal y del odio es prueba de su opuesto: EL AMOR. Si no pudiéramos odiar ¿podríamos amar? El que quiera moverse por imperativos como un computador... bienvenido, pero su bien solamente es fecundo en el amor y el amor es VOLUNTAD.

La voluntad es pasión en literatura, incentivo en economía, belleza para el artista y EL MOTIVO DEL AMANTE. ¿Podría Antioquia haber progresado sin voluntad? ¿Podrían los amantes fundirse en cuerpo y alma sin voluntad? ¿Habría amistad sin voluntad? Cosas que no tengo: por carente de voluntad.

¿Qué seríamos sin voluntad? Sin voluntad, ignoren este elogio, esta pasión, esta poesía, irónicamente no podrían hacerlo pues carecerían de voluntad... Ser es acto, acto es voluntad... Autenticidad, felicidad y amor dependen de la voluntad... La voluntad es la flor que se eleva al cielo como tributo al ser...

miércoles, 22 de diciembre de 2010

COMENTANDO UN APARTE DE NIETZCHE.

No suelo poner cosas ajenas en el blog porque pierde su identidad, pero me parece que una parte muy importante del pensamiento Nietzcheano se encuentra en el párrafo que mostraré. Siempre me han chocado aquellos que se creen buenos como para imponer sus ideas y, si alguna vez tuve ese vicio, gracias a Dios no me estanqué. ¿Quién puede creerse bueno? Ni idea, por lo menos yo no podría hacerlo. 

En el aparte de Así Habló Zarathustra quisiera mostrar toda su ironía hacia los buenos que, en últimas, acaban volviéndose fariseos. Esa ironía está en el punto XXVI del título que se llama "De las viejas y nuevas tablas". Cualquiera -y así suelen hacerlo- podría decir que es "un atentado contra nuestras costumbres". Pero el apartado nos hace reflexionar ¿acaso Cristo no fue crucificado porque dio un mandamiento nuevo, el mandamiento del amor? Efectivamente, Nietzche se va contra el neofariseísmo y en últimas si es una transgresión a las costumbres. Desgraciadamente los neofariseos son muchos de los "cristianos" actuales [creo que Nietzche se refiere a ello] que se quedaron en la moral judía normativista y no trascendieron (trascendimos) al amor. 

Veamos el interesante apartado:

¿Dónde reside, hermanos míos, el máximo peligro para todo futuro de los hombres? ¿No es acaso en los buenos y en los justos? ¿en aquellos que hablan y sienten en su corazón: <<Nosotros sabemos ya lo que es bueno y justo, y lo poseemos: ¡ay de quién continúe buscándolo!>>?
Por mucho mal que puedan hacer los malos, ¡el daño más nocivo es el daño de los buenos!
Y por mucho daño que puedan hacer los calumniadores del mundo, ¡el daño de los buenos es el más nocivo de todos los daños!
Hermanos míos, hubo una vez que alguien miró el corazón de los buenos y los justos y dijo “son fariseos” ¡Más nadie le entendió!
A los buenos y justos no les era dado entenderle: su espíritu está siempre prisionero de su buena conciencia. ¡La estupidez de los buenos es insondablemente sabia!
Más la verdad es ésta: es forzoso que los buenos sean fariseos: ¡no pueden optar! ¡Es forzoso que los buenos crucifiquen a quien se inventa su propia virtud! Tal es la verdad.
Mas el segundo en construir su país, el país, el corazón y la tierra de los buenos y justos, ése pregunta ¿a quién es al quien más odian?
Al creador es a quien más odian: al que rompe las tablas de los viejos valores, al destructor, a ese que llaman delincuente.
Porque los buenos no pueden crear: son siempre el principio del fin. Crucifican a quien inscribe nuevos valores en tablas nuevas, sacrifican el futuro a sí mismos, ¡crucifican todo el futuro de los hombres!
Los buenos – han sido siempre el principio del fin. Nietzsche, F. (1885). Así habló Zarathustra. España: Euroliber S.A. Pág 192 






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