Algunos candidatos presidenciales votables andan llamando a una defensa de la soberanía ante las afirmaciones de Trump contra Petro. Otros han actuado ofreciendo pruebas. ¿Están leyendo bien la situación? ¿Qué está comunicando Trump realmente? ¿Qué significa el juego en términos estratégicos? ¿Cuál es la mejor acción que pueden tomar los candidatos? ¿Cómo debemos actuar los colombianos que queremos que el Pacto Histórico entregue el poder ante estas afirmaciones?
Antes de analizar, en un marco comunicativo y estratégico, a Trump, vale la pena plantear una pregunta: ¿Me gusta o no me gusta? Estoy en desacuerdo con su política arancelaria, que no es nacionalismo, sino una política fiscal para reducir un déficit insostenible sin recortar las grandes erogaciones del gobierno. Estoy en desacuerdo con su política migratoria. Estoy de acuerdo con su anti-woke. Pero no solo estoy de acuerdo, sino que también estoy profundamente agradecido por su extracción quirúrgica del criminal dictador Nicolás Maduro acusado además de múltiples delitos de lesa humanidad. Ojalá que ahora, cuando supuestamente están bailando con la más fea [con Delcy], den resultado para espantar ese régimen criminal y empobrecedor. Tampoco puedo negar que me gusta que sea tough —o sea, duro— con Petro.
Pero ¿se ha entendido bien esa dureza de Trump con Petro? Que a alguien le guste o le disguste es una elección legítima, pero lo importante es que al menos entienda en qué planos se mueve Trump con Petro tanto a nivel estratégico como comunicativo. Por eso hay que traducirle esta dureza en términos de funciones del lenguaje —y cómo lo usa Trump— al colombiano promedio que lee desde su cultura, una cultura de tradición legalista donde las afirmaciones falsas relativas a la honra de una persona son severamente castigadas, y donde el plano político y jurídico está enquistado y no puede separarse.
Lo que pretendo demostrar es que Trump está ejerciendo presión directa sobre una persona, no sobre conceptos abstractos y venerados de forma cuasi-supersticiosa como “la soberanía nacional”. Ni mucho menos su efecto práctico: militares extranjeros en territorio colombiano. Hay que separar lo político de lo jurídico en el plano del significado, aunque duela. Lo siguiente es mirar el plano de las acciones posibles, desde el equilibrio, desde el juego de poder. ¿Es óptimo capturar a Petro al entrar en territorio colombiano para los objetivos de Trump? ¿Cómo se entiende esto en el marco o en la forma en que juega Trump?
Finalmente, mi objetivo es que Petro se vaya y Cepeda pierda. ¿Qué candidato ha leído mejor la situación? ¿Qué candidato es, en mi opinión —y, claro, hablar de política implica voluntad de poder, como diría Nietzsche—, la mejor opción para reparar los daños del petrismo?
1. DOS PRECISIONES
Como se dijo en la introducción, existen dos ejes de análisis de las afirmaciones de Trump sobre Petro. Hay un plano comunicativo y otro estratégico. La primera corresponde a lo que realmente dice Trump en su marco cultural. ¿Cómo sonaría si Trump estuviera inmerso en la cultura colombiana y hablara en colombiano? La segunda es: ¿qué pretende Trump con lo que comunica? ¿comunicados de rechazo contundente? ¿Le importa eso a alguien inmune a su impacto reputacional? Y la tercera es: ¿qué costos y beneficios le reportarían hacer lo mismo con Petro?
Miremos un poco el marco cultural en el que Trump comunica. Y si es que el lenguaje le sirve para algo. Vamos a una diferencia jurídico-cultural. Estados Unidos está basado en un sistema de libertad de expresión, ellos toleran más fácil una mentira que la censura. Por eso suelen ser más toscos y se sienten hirientes ante la pusilánime sensibilidad latina [que yo también tengo]. Por eso yo no dejo de negar que me suena a “calumnia” lo que le dice a Petro, más allá de que no puedo negar que me gusta que lo haga. ¿Pero es “calumnia” o simplemente política?
Al margen de si gusta o no gusta Trump, a este personaje hay que juzgarlo por lo que ejecuta, no por lo que dice. Esa es su mejor jugada; es su carta y es increíble que no sean capaces de ver lo que su secretario del Tesoro describió como su forma de negociar: “strategic uncertainty”. En un caso similar, en inglés, Navigating the Uncertainty and Volatility of Trump’s Tariffs explico que su estrategia de negociación es esencialmente jugar al juego del chicken, tratar de forzar condiciones absurdas para que le concedan algún punto que él quiera y luego sentir que logré ganar algo con Trump. Trump puede ser irracional en sus objetivos; sus solicitudes son altamente irracionales, pero es suficientemente consciente de los costos. En los temas de aranceles que han movido los mercados todo el año, he visto solicitudes irracionales: “50% de aranceles al cobre”, cosa que no haría porque Estados Unidos es importador de cobre y una mina de cobre, entre el descubrimiento y el inicio de operaciones, entre técnica y burocracia, se demora 20 años. Pero ¿significa que se va a quedar quieto? ¿Quería negociar con Boric como presionó a Lula sobre el tema de Bolsonaro? Al final, el arancel no al producto bruto sino al cobre procesado. Es así como me moveré en estos límites para ver qué comunica, eso que pretende suscitar y finalmente, si eso es conveniente y, por lo tanto, posible.
2. TRADUCCIÓN DE TRUMP AL COLOMBIANO
Vamos a citar a Trump literalmente:
“Colombia is run by a sick man who likes making cocaine and selling it to the United States" . "He has cocaine mills and cocaine factories."
Y preguntado sobre extraer a Petro contesta igual que a Maduro:
"It sounds good to me."
Y le dice:
“Watch your ass”
2.1 Superstición inconsciente.
Los bienpensantes colombianos a los que les gusta el centro dirán que saben inglés. Y yo no sé qué títulos ofrecen las universidades gringas. Posiblemente ellos “no necesitan esta parte”. Pero para la persona simplemente pensante es importante aclarar que todos tenemos sesgos cognitivos en la comunicación y asumimos cosas que el otro no dice. Particularmente, en Colombia el lenguaje jurídico y el lenguaje político plantean una unidad muy fuerte; Trump parece separarlos. Por eso, Trump puede negociar con criminales y también sacarlos de sus refugios para juzgarlos.
Todos tenemos sesgos por la cultura. Solamente estar oyendo RCN y Caracol, o las babosadas de los columnistas, ya nos da una creencia. Incluso incitada por la emoción. Por eso Petro quiere derrochar un montón de plata en RTVC y cambiar la narrativa, porque sabe que esos sesgos se crean y se vuelven hábito. La tradición legalista, sumada a esa caracterización supersticiosa de las leyes como fuente de la libertad, también se enquista. Por eso el colombiano es “tinterillo” —por decirlo así— por naturaleza. Todo tiene implicaciones legales; la ley es completa, es perfecta: “liberadora”. La ley es el fetiche “prócer eterno” en el que estamos metidos. Por eso, todo acto político es demandado y toda demanda termina siendo un acto político.
Por lo anterior, hagamos conciencia de sesgos cognitivos —que, entre otras, les ahorrará una ida al psicólogo— sobre cómo interpretamos las palabras de Trump. Es así que vamos a la lectura automática (Kahneman, el psicólogo Nobel de economía, lo llama “sistema 1”) del colombo-leguleyo o del colombiano embebido en su cultura es la siguiente:
- Trump está acusando a Petro de un delito. ¿Dónde están las pruebas? Si no las hay, concluye: es calumnia [Artículo 221 del Código Penal, el cerebro lo sabe, pero no se lo cuenta. Creo que todo colombiano, si fuera cociente, podría repetir todas las leyes. Y el delito de calumnia es un arma inconsciente.].
- ¿Está dispuesto a ir por él como fue por Maduro? Dice que le suena bien.
- Luego, lee: «¡Estaría dispuesto a ir por Petro en una operación similar!
- Y luego, por allá, en su subconsciente, le habla Capitán Constitución, recordándole de forma cuasimística, vestido como sacerdote [el colombiano es clerical, solamente que aquí la religión es distinta], lee la Constitución, que le recuerda la más elemental superstición: “ARTÍCULO 188º—El Presidente de la República simboliza la unidad nacional…”
- Petro => Presidente => Unidad Nacional
- La subsunción que hacen sus neuronas en su sinapsis, en piloto automático, donde pasan “de un ataque a Petro” a “un ataque a la soberanía y la unidad colombiana”.
Es importante, en todo caso, descomponer y repensar cada una de las premisas a las que se llega mediante conclusiones automáticas. Nietzsche dice que la moral se origina en emociones que luego se heredan y se repiten de forma inconsciente. Es por eso que “Capitán Constitución” aparece como ese deseo sustituto del rechazo de la madre, como diría algún psicoanalista. Es una emoción sobre “el significado profundo del presidente” que parece que tenemos heredada por creer que “las leyes os darán la libertad”. Es posible que alguien lo haya sentido como emoción; la emoción se vuelve hábito y el hábito, inconsciente y arraigado, se convierte en “moral”. A eso creo que se refería Nietzsche cuando hablaba de moral: a abolir todo lo que nos vuelve borregos, como la superstición soberana [Nietzsche, Friedrich. (p. 44)]
Pero volvamos al análisis: si me preguntaran en un análisis sociológico objetivo, ¿qué representa la unidad nacional? Yo diría dos cosas 1. La selección Colombia, 2. Una capacidad de echar cuentos. ¿Pero es razonable esa creencia que el símbolo de la unidad nacional es “el presidente” , y porque lo dice la constitución? En el antiguo Egipto se creía que los faraones eran dioses; Constantino quería difundir la herejía arriana (que Cristo no era Dios sino un ser iluminado superior) para ponerse al nivel de Cristo y “simbolizar la unidad nacional”. En la modernidad se justificaba el absolutismo por venir de Dios. ¡No son más que hombres armados! ¡No decía un pirata que su diferencia con Alejandro Magno era cuestión de economía de escala!
Quizás subestimo el problema tribal. No es solamente colombiano pero en Colombia se expresa con el mantra "las leyes os darán la libertad". La izquierda mundial ha condenado el fin del poder de un cochino dictador. Tal vez por eso les moleste que se extraiga a un cochino dictador porque vulnera sus principios supersticiosos, aunque no entiendan por qué y lo repitan como loros. Les requeriría un poco de gimnasia mental: injusticia por 26 años, ausencia de mecanismos de reparación. De hecho Nassim Taleb nos lo recuerda en su libro Skin in the Game:
"For these ignorant pundits, it is all Iran vs. Saudi Arabia, the U.S. vs. Russia, Mars vs. Saturn... absence of skin in the game does wonders in distorting information. But to those of us on the ground, the objective was to make things work and have a life, not sacrifice our existence for the sake of geopolitics."
"Compare this to Iran, with a local population that is squarely pro-Western and tolerant of Jews. Yet some people with no skin in the game who have read too much about the Treatise of Westphalia (and not enough on complex systems) still insist on conflating relations between countries with relations between governments." Taleb (2018) P.164
La ficción subsconsciente puede surgir porque una cosa es hablar sin skin in the game. El cerebro tiende a simplificar y como la geografía la enseñan por estados la generalización aparecería simplemente por pereza mental. Por ejemplo, un asiático puede decir "Colombia es latinoamérica como México" y un colombiano preguntarse si realmente existe Colombia como idea de nación viendo costeños, chocoanos, bogotanos, caleños, paisas, ocañeros, cucuteños, santandereanos. Y un costeño de Barranquilla es diferente a uno de la Guajira por historia (inmigrantes vs indígenas). Aquellos que protestan por la captura del dictador venelozano carecen del skin in the game de haber sido torturados, detenidos, separados, exiliados, empobrecidos. Por eso entre más cercana es la relación con el vecino país, el rechazo a Maduro opera con mayor cercanía en políticos más hacia la izquierda, mientras que la derecha que representa Marine Le Pen en Francia condena la acción.
2.2 Trump colombianizado
Volvamos al tema. Quizás esa sea la lectura que Trump quiere que Petro haga. Al final, la guerra opera con la psicología y, si Petro opera con miedo, resulta más fácil de subyugar. Recordemos que Trump juega al juego de la gallina: ¡me paga el doble o nos tiramos por el precipicio! Eso es lo que le está diciendo. Pero vamos a tratar de traducir a Trump al colombiano.
Por motivos culturales, el norteamericano manifiesta otros prejuicios. Prefiero más ser apegado a la verdad. Pero el norteamericano tiene un gusto por la libertad de expresión. En el subconsciente jurídico-cultural de Trump no está el delito de calumnia, sino the freedom of speech. En concreto esto lleva a que “la calumnia” no sea un delito, sino un proceso “civil” que puede exigir probar daño y malicia, además de falsedad. Petro no puede hacer lo que hace como amenaza con políticos nacionales usar el arma de todo político: interponer una denuncia por injuria y calumnia. En Estados Unidos se tolera más una mentira que una censura. Es así como, en términos académicos, mientras el colombiano interpreta las afirmaciones de Trump como lenguaje legal y comunicación decisional, Trump utiliza el lenguaje de manera instrumental. El colombiano cree que Trump se mueve jurídicamente y que ha tomado una decisión cuando realmente usa el lenguaje de forma instrumental, como un ruido desestabilizador.
Un colombiano usaría el lenguaje de forma instrumental, no jurídico decisional diciendo “movete, hijueputa”. Usaría el “tono” y la grosería como formas señalizadoras instrumentales para suscitar una acción. Hablaría más en comando que con afirmaciones. Por eso vamos a intentar traducir lo que Trump realmente está diciendo “en colombiano” a un lenguaje bully; en la modificación voy a sustituir la capa literal por la capa agresiva. Es decir, va a sonar más fuerte, más impactante, pero menos acusatorio. Es decir va sonar más como un grito que como un plan. Como tal se trata más de una representación gráfica de un uso del lenguaje instrumental para un colombiano, una suerte de representación de lo que diría Don Alberto Troncoso, no pretende afirmar hechos -pues los desconozco- sino alinear los planos de contexto implícito que manejaría un colombiano :
“Es decepcionante el crecimiento de la droga en Colombia grandísimo pendejo. ¿Usted es tan güevón o será que tiene negocios con esa gente que no los persigue? Usted es un idiota o un corrupto. Y ojo que tengo información sobre usted que, en cualquier momento, uso en su contra. Parce, ¿usted cree que no puedo contra usted? Ahí vea lo de su amigo Maduro, usted lo vio y está chillando por eso. No me busque, que me encuentra malparido. Ojo que lo estamos mirando”
Esto no es lo que Trump significaría, pero es equivalente en términos funcionales; es un intento de mostrar lo que dice mediante el uso instrumental del lenguaje, y no necesariamente para comunicar una decisión. La amplia posibilidad del español permite usar muchos giros, el inglés es más concreto, y la concretud -en nuestros sesgos lingüísticos- suena a decisión. Aunque se mantiene una sensación de lenguaje amenazante, cambié la afirmación categórica no probada por groserías y por “el tono”. Esta frase, grosera también para el colombiano, hace las veces, en la diplomacia, de lo que se conoce como “comunicado contundente” más que de “amenaza a la soberanía”. Eso no significa que no vaya a haber acción, pero la acción que va a haber no es el sueño de muchos de helicópteros cogiéndolo mientras se toma “el café”.
Trump negocia con personas, y grita, payasadas, los roles, los cargos y demás pendejadas no le importan. Puede insultar, mostrarle aviones a Corea del Norte y luego reunirse con Kim. Pero más que lo que dice, traducido a un lenguaje cultural digerible por colombo pusilánimes [por nuestra sensibilidad al tono tosco], no es lo que dice, sino lo que espera suscitar: que ceda en negociaciones debajo de la mesa. A mi juicio, lo que se ve en la punta del iceberg ha logrado que Armando Benedetti -que habla de marica, jueputa y “coya”- escriba en X:
Los ministerios del Interior y de Justicia: Colombia ratifica su voluntad en la coordinación y cooperación con Estados Unidos para la lucha contra las estructuras criminales y carteles de la droga con base en asistencia económica, tecnológica y de inteligencia de los Estados Unidos, para destruir campamentos de carteles, laboratorios y estructuras narcotraficantes en todo el territorio nacional pero con más fuerza en la frontera colombovenezolana contra las estructuras del ELN. Esta disposición se le ha hecho conocer al gobierno de Estados Unidos a través de agencias de inteligencia.
No sé si Benedetti sea el perfil débil; es más bien el astuto y, en ese sentido, puede que su amor al poder empiece a darle concesiones a Trump… y ojalá llegara a explicar a qué se refería con los 15 000 millones de la costa. Pero, en todo caso, ellos no miran comunicados, entre otros, porque saben que los latinos son como el vecino en la asamblea de la urbanización que pide que se le concedan “unas breves palabras” [que nadie escucha]. Van a esperar inteligencia, datos de investigación de la Fiscalía e información en poder del gobierno colombiano. Y ojalá que Benedetti explique el tema de los 15 000 millones. Eso es lo que quisieran suscitar; desgraciadamente, no vemos las negociaciones confidenciales, debajo de la mesa, esas de película de conspiración y cómo ejecutan lo que acuerdan.
3. ANÁLISIS ESTRATÉGICO
¿Va Trump a meter helicópteros para capturar a Petro? ¡No! No todos los sueños se hacen realidad. Ni tampoco son convenientes. ¿Es posible? Técnicamente creería que sí. ¿Es probable? Me atrevo a decir que la probabilidad es cercana a cero basándome en cálculos. Los cálculos se dividen en prioridad estratégica, costo operacional (ese regalazo de Maduro vale mucha plata), conveniencia política -con Maduro no hay riesgo de martir, con Petro así sea más insignificante sí lo hay-, falta de claridad jurídica (Petro no tiene acusaciones en Estados Unidos que sepamos por ende si hace lo mismo de Maduro -que es el debido proceso de ese tirano- Petro básicamente podría salir libre) y la posibilidad de usar otros medios.
Vamos al primer punto. ¿Cuál es la prioridad estratégica? Acabar con el régimen pero sin derramar sangre. En este momento, está en una guerra bailando con la más fea —con Delcy— o eso dicen [no sé qué hay detrás realmente y creo que la situación es más frágil de lo que Trump aparenta] y, a lo sumo, considera a Petro un riesgo, aunque no de la prioridad de acabar con la conspiración narcoterrorista. Petro definitivamente interfiere con el fin del régimen; es decir, en cierto sentido, ayuda a prolongar el dolor de los venezolanos. Pero difícilmente Petro será capaz de desestabilizar la operación. Además, hay agentes desestabilizadores mucho más fuertes, importantes y silenciosos que Petro. Es decir, no es el primer objetivo. La idiotez de Hitler al pelear con Rusia y con Inglaterra al mismo tiempo es útil como antecedente estratégico. Petro es un riesgo para la operación, pero es un riesgo menor y mitigable de otra forma.
Análizemos el costo-beneficio. No hay guerra, operación militar gratis, de hecho hay ciertos libros que describen cómo las guerras se financiaban con emisión de dinero generando inflaciones exorbitantes y luego crisis. Las crisis financieras más grandes se dieron, en mi opinión, como saneamiento del gasto exorbitante en guerras. Se rumora que el simple operativo del amanecer del 3 de enero ronda los 570 millones de dólares, no hay un disclosure del Pentágono. Pero, asumiendo que esa sea la cifra de la operación, para hacer proporciones colombianas, lo pagado por la adquisición del Grupo Éxito bastaría para financiar únicamente dos operaciones. Y eso, sin contar todo el costo logístico de esos barcos desplegados y amenazantes. Aunque puede no ser relevante, creo que una operación militar para llegar a Bogotá, lejísimos del mar, es mucho más costosa y logísticamente más difícil que la de Caracas, que está a media hora del mar y que, en su mayoría, Venezuela es plana.
Este tipo de operaciones son demasiado costosas, ¿para un objetivo no prioritario estratégicamente sino ruidoso? Además, no es tan fácil vender una captura de Petro sin una acusación, Indictment. Ese derroche de recursos en alguien tan insignificante como Petro es el sueño de Alexandria Ocasio-Cortez: lo capitalizaría para volverse presidenciable. Además, a los gringos no les gusta la intervención extranjera, no quieren su país deficitario botando la plata en bombas. A pesar de las dudas de legitimidad de Petro por violación a los topes de campaña, por ser un pésimo gobernante con delirios de dictador, por ser aliado de Maduro, es más difícil justificar una intervención así sin perder votos. Además, con Maduro, si la izquierda ha protestado, se imaginan a uno como Petro que generaría el rechazo de la centroizquierda global. Con Maduro no hay riesgo de un mártir; con Petro, desgraciadamente, sí, y no por sus seguidores, sino por la “subsunción presidente = unidad nacional” y por el hecho de que, aunque aparentemente haya violación de topes, no se logra, más allá de toda duda razonable, mostrar que es un presidente ilegítimo. ¿Volverlo mártir? Si hay algo que yo deseo, es que Petro pase a la insignificancia.
Otro aspecto es el jurídico. El Indictment que se le hace a Maduro declara su ilegitimidad, probada mediante la diligente recopilación de actas por parte de María Corina Machado en las elecciones en las que ganó Edmundo González Urrutia. Con Maduro hay un caso claro; se narran someramente hechos de un continuo narcotráfico con pasaportes falsos, despachos de hangares presidenciales en Maiquetía, corrupción de altos mandos del régimen, en fin: invito a leerlo Superseding indictment in United States v. Maduro et al. (No. 1422326). Un indictment es una acusación penal formal presentada por un fiscal y validada por un grand jury (jurado de acusación); no es una condena. Con Petro, ¿una inclusión en listas restrictivas? Puede que tengan algo, pero no está en las cartas reveladas. Y Trump haría el ridículo si capturara a Petro a un costo logístico mayor y se lo liberara por no existir acusación. Y si a Maduro le está permitiendo el respeto al debido proceso, ¿podría negárselo a Petro, que, lo que sea, no tiene el prontuario de Maduro?
Si Trump, en su locura, fuera a aprobar una operación así, que les cuesta millones de dólares a los pagadores de impuestos norteamericanos, le diría, en la traducción al inglés de la frase, “no gaste pólvora en gallinazos”. Creo que él lo sabe; también parece más inteligente que Petro, que presume de declamar discursos y sonetos cuánticos, que aquel jaguar que inventa la matemática cuántica para no depender del petróleo, sino para sacar energía del vacío cuántico.
Creo también que Trump sabe que en Colombia hay más medios. Los venezolanos llevaban 26 años denunciando gravísimas violaciones a los derechos humanos, torturas, represiones violentas, desapariciones forzadas, marchas, toda clase de elecciones y el tipo bailando cínicamente. En Colombia ha habido elecciones; la oposición ha ganado en municipios; el candidato de Petro quedó en tercero en la capital. No hay cooptación del poder judicial y espero, a pesar de las purgas (vía el despido de generales), que no la haya en el Ejército ni en la Policía. Eso hace que la situación todavía sea un poco menos grave. Puede que sea ingenuo, pero todavía hay acciones que se pueden emprender en Colombia para frenar a Petro. Y Estados Unidos, con acciones más discretas, más políticas, puede lograr mitigar el riesgo al que le quedan 7 meses. Finalmente, y no menos importante hay negociaciones por debajo de la mesa.
Más allá de lo estratégico, sería interesante que Trump entendiera la idiosincrasia del colombiano. Hablarle en el lenguaje que entiende, legalismo y pruebas, y así se genera una unidad que pueda capitalizar después. Saquen lo que sepan y puedan sacar; eso el colombiano lo entiende. El colombiano maneja su plano jurídico y político enquistado; por eso vale la pena hablar con un lenguaje de pruebas, de revelaciones, de filtraciones: como entregarle los narcocassettes a Pastrana, que los publicó tarde. En ese sentido, el plano jurídico enquistado del colombiano puede dificultar la lectura, pero constituye una fuente estratégica y de acción enorme. La narrativa “hecho” => “consecuencia jurídica” opera en el inconsciente del colombiano bastante bien.
Finalmente, ¿hay una amenaza a la soberanía? ¡Claro! Petro con los grupos al margen de la ley, su candidato cuyo padre tiene un frente de las FARC en su nombre, que pretende toda una serie de arbitrariedades, que impone impuestos para drenar una economía quebrada, que actúa sin fundamento en sus decretos, ¿qué más quieren?. Es decir, ¿de Estados Unidos? ¡No! Y no porque no pueda haberla, sino porque esa no es la prioridad en el juego. Si la hubiera, sería rechazable, sí, por imprudente e ineficaz: darle importancia a un pobre e insignificante individuo.
4. EL JUEGO ELECTORAL
No hay una situación más interesante para jugar al juego político que esta. Petro intenta capitalizar eso desde un martirio imaginario y un trasnochado sentimiento antiyanqui. Tal vez, en ese sentido, lo que dijo Trump sea contraproducente, así en su traducción funcional se muestre que dice otra cosa distinta de “vamos a atacar a Colombia”.
Pero miremos dos reacciones de los candidatos opuestos que se muestran dentro del espectro llamémoslo “democrático”.
Abelardo de la Espriella le pide a Trump las pruebas, que le pida aclaraciones a Maduro sobre temas dudosos, como la zona binacional, y que, con el caso en mano, extraditaría a Petro. Obviamente, todo eso requeriría el conducto legal leguleyo, pero posiblemente menos ineficaz que pedirle a la ONU que salve a Venezuela a punta de comunicados. Abelardo, me parece que hace una traducción al colombiano, traslada la afirmación al marco jurídico (que en legu-colombia parecen inseparables) e implícitamente mejora las señales de no meter soldados gringos para capturar a Petro, aunque luego le cueste meter soldados gringos para atacar a las FARC y al ELN.
Fajardo, por el contrario, solicita una invitación a una comisión de relaciones exteriores que emitirá un comunicado para defender una “soberanía” que no está siendo amenazada. Fajardo es matemático. ¿Falla en teoría de juegos? La posición de Fajardo podría haber sido, desde su estilo tibio, indicar que él va a luchar contra el narcotráfico, pero que hay que dejar terminar el periodo de Petro y que él está dispuesto a cooperar con EE. UU: ¡tibieza astuta! Pero no, parece amplificar —y en ese sentido— apoyar el mensaje de Petro de presunta amenaza a la soberanía. ¿Todavía sigue amigo de Murillo, que trabajó con Petro? Pero lo segundo es el medio, convocar la Comisión Asesora de Relaciones Exteriores ¿será idea de María Ángela Holguín? No puede serlo, él es el “candidato de las mujeres”, algo le reconocería a su novia. ¿Quién compone esa Comisión? Entre senadores, entre los que está Iván Cepeda, la canciller, etc ¡Una lista de expresidentes! Fajardo va a sentar a enemigos acérrimos, con opiniones opuestas, para ponerse de acuerdo en un tema. ¿No es el que evita la polarización? ¡Brillante forma!
¿Pastrana, de grupo de expresidentes preocupados por la democracia en Venezuela, con Samper, su enemigo acérrimo, que ha sido mediador de Maduro y que, además de Petro, es el único presidente al que le han quitado la visa por su descertificada lucha contra el narcotráfico, y por un presidente demócrata como Clinton? ¿Santos y Uribe? Me temo que Uribe declina salir en la foto con Santos y no tener que sonreírle falsamente a Duque. Pero, Uribe que bombardeó a Raúl Reyes en Ecuador, debe tener solidaridad por Trump. ¿Duque se va a prestar a defender a un presidente que sí le violó su legitimidad mediante marchas y tomas guerrilleras disfrazadas de “estallido social”, y que, además, le gusta la vida de burócrata latinoamericano en Washington, con beneficios como ser comentarista ocasional de NTN24? ¿Se va a prestar Duque a cuestionar a un presidente con quien trabajó para tumbar a Maduro en el fallido golpe de Guaidó? Ahí no habría un equilibrio y, si lo hubiera, sería un comunicado escueto e inútil, parecido al de Benedetti, que mantendría el compromiso de la lucha contra las drogas como “dos estados soberanos”. También podría ser una telenovela.
A mi juicio la propuesta de Fajardo es inútil y la de Abelardo es eficaz incluso para evitar lo que Fajardo no desea, ni yo por conveniencia. Es una acción que mostraría cómo sería el gobierno. La acción de Abelardo funciona como una forma de traducir al colombiano lo que hay que hacer y en su lenguaje leguleyo comprensible; ayúdennos con las pruebas y nosotros somos capaces de extraditarlo con base en el ordenamiento interno. Es una conducta que muestra acciones y compromisos concretos que no serían tan costosos como entrar en el país; eso, de entrada, desactivaría cualquier incentivo o tentación de operar de manera militar si Petro fuese un riesgo mayor. Lo segundo, entiende quién es mejor enemigo y quién es mejor aliado. Con Trump coincidimos en objetivos: ¡que Petro suelte el poder! También sabemos que no conviene ese sueño de que capturen a Petro por la vía militar. Por eso la movida de Abelardo desarma el interés, si es que existe. En tercer lugar, respeta el ordenamiento jurídico interno, armen la acusación puede haber extradición… debe ser más complejo en la práctica con la litiguitis de Petro pero no imposible. ¿Y si los gringos no tienen nada? Supongamos que no, de todas maneras es una señal de cooperación profunda. Además, es una señal que no requiere buscar consensos, ni reunir a muchos con un costo alto para decir algo que ChatGPT dice mejor.
Fajardo falla porque, si algo enseña Maduro, es que el derecho internacional, a lo sumo, es un juego de niños con el complemento de Taleb sin skin in the game. No sirve para sacar tiranos. Y lo segundo: llamar a una comisión disímil, contradictoria, en un tema tan polémico; si llega a reunirse, no hará más que producir comunicados “contundentes”: es el vecino de las “breves palabras” en la asamblea de copropietarios.
Si Fajardo logra un consenso entre esos personajes con opiniones tan polarizadas su capacidad de liderazgo sería extraordinaria, dudaría que fuera él pero se lo reconocería, o tal vez a María Ángela Holguín. La novia de Fajardo, la ex canciller Holguín, tiene mi admiración: ¡soportar ocho horas seguidas hablando con Delcy! Aunque primero afirmó que la reunión en Cartagena —en el contexto de las casas marcadas y deportaciones de colombianos en San Antonio del Táchira y Ureña en 2015— había sido exitosa y luego admitió que fue pésima, demostró una diplomacia del estilo Trump–Rubio: ¡aguantarse esa señora! ¿Por qué no de una vez ponemos a María Ángela Holguín de candidata y Sergio como su primer “caballero”? Sería más transparente el candidato del santismo, y creo que sería hasta mejor. Además Sergio como matemático podría ayudarle con los “cálculos políticos”.
En este contexto, si Fajardo pretende ofrecer cooperación y una diplomacia que restaure el daño, es mejor una lectura de compromiso con Estados Unidos que una tibia y mal leída diplomacia de conceptos anquilosados. Los gringos necesitan leer que la persona del nuevo presidente estará con ellos; eso, paradójicamente, reduce la probabilidad de intervención. Si ven a un Fajardo defendiendo, en vez de atacando a Petro, y esa es la lectura del pragmatismo político norteamericano, no será una defensa de la soberanía, sino un intento de debilitar la presión diplomática. El pragmatismo político norteamericano no ve la superstición legalista originada en el falso cucuteño Santander; ve acciones a favor o en contra. En el mejor de los escenarios verá histrionismo baboso latinoamericano y lo ignorará; o sea, como usted al vecino de las “breves palabras” en la asamblea de copropietarios. El vecino de las “breves palabras” se llama Víctor -es un amigo imaginario-, tengo una leve obsesión con él que el lector me perdonará.
5. SOBRE EL REINADO DE BELLEZA
Las elecciones no son un reinado de belleza. Aunque sí lo fueran, Cepeda es estéticamente el más desagradable, la más fea, en la que hasta Steve Harvey podría quitarle la corona y yo lo aplaudo. Cepeda es la continuación de Petro, pero sin declamaciones cuánticas, sónetos matemáticos ni cómica verborrea. Un Petro “descafeínado”, de mal humor, metálico, sin el aura que produce el caudillo latinoamericano locuaz y sociable sino importado de quién sabe qué gélida región. Ese es el objetivo principal; como hay primera y segunda vuelta, es razonable revelar mi juego. Aunque a muchos les decepcione, votaré por Abelardo de la Espriella. Si pierde en primera, iría por Fajardo o por quien llegue si está en los democráticos, sin lugar a dudas, si es del caso.
Fajardo es, de todos los candidatos en el espectro democrático, el menos apto para liderar la reparación de los daños de Petro. Creo que Fajardo es un tipo honesto y mi interés no es ni mucho menos “quemarlo”; tengo ciertos desacuerdos en algunos puntos, y particularmente el manejo estratégico que le ha dado a esta crisis es muy deficiente. Le hubiera ido mejor seguir siendo tibio. No me tragaría las palabras si me tocara elegirlo a él y lo criticaría en todo lo que me parezca errado. Y en serio, no quiero “quemarlo” aunque estoy seguro que Isabel Zuleta envidiaría mi sarcasmo. Es una cuestión pragmática, no de calidad moral.
¿Por qué por Abelardo? Abelardo me parece mañé; me desespera su forma de hablar; no me gusta su logo ni sus eslóganes; soy alérgico al marketing, sea de Coca-Cola o de políticos. El marketing funciona porque apela a esas emociones primarias. Pero así no me guste el marketing, es Abelardo el que llama a la unidad. Además, el tema con el país es de vida o muerte y Abelardo tiene prioridad en seguridad, que es clave para regiones de la Colombia profunda [ojalá no a lo Bukele, que se va al extremo de la seguridad aunque era el mejor candidato en las primeras elecciones en que resultó ganador] y pretende aplicar la reducción del gasto público, que es la vía de Milei, que es clave para mí, algo prioritario para volver a enriquecer a Colombia.
Incluso la "tibieza" de Sergio apela a una cierta sensación de calma que produce el “ecuánime” conciliador. Nieztsche condena la ecuanimidad como esa virtud de sometimiento a las reglas, es algo común en el reino animal y funciona por la aversión natural al conflicto. Quizás sea la aversión humana al conflicto la que permite traducir esa sensación de comunidad, de "familia", de armonía que hace que se repitan los conceptos de soberanía. Esos conceptos en la "democracia más estable" de américa latina, que disfruta manteniendo el statu quo, que es conservadora por excelencia seducen a algunos. Fajardo intenta apelar así al subconsciente del cómodo bogotano que trabaja en alguna entidad estatal y que defiende los derechos humanos desde la comodidad de su apartamento. También es mercadeo.
Lo otro bueno que tiene Abelardo es que está bien rodeado: cuenta con el aval de Salvación Nacional y de Enrique Gómez Martínez, uno de los mejores opositores y mi voto al senado. La parte programática proviene de Enrique y de Salvación Nacional, que se inscriben en la tradición de Álvaro Gómez Hurtado. A esto suma su aceptación del Plan de reducción del estado de Daniel Raisbeck, Política de Balance Fiscal 2026-2027 - que debería convertirse un verdadero acuerdo sobre lo fundamental: ¡no se puede gastar por encima de las posibilidades!
Aclaro, mi apoyo, no es incondicional. Elegir un candidato es una acción en incertidumbre. Ponderando promesas, acciones y equipo se ve como la mejor opción posible. Puedo equivocarme. Voté por Duque contra Petro, lo volvería a hacer, pero Duque me dejó mucho que desear.
Estas elecciones no son un reinado y, si lo fueran, la más fea sería Cepeda, aunque ese estilo costeño-italiano le compita —pero que viva la libertad—. Lo importante no es cómo se vista ni cómo hable, sino que haga y cumpla. Santos es muy feo y Uribe se enamoró perdidamente de él, luego vino una triste decepción amorosa.
¿Por qué no esperar la encuesta de la centro-derecha? Es una encuesta con muy buenos candidatos, pero sin fuerza. Todos deberían estar en un gobierno liderado por De la Espriella. Paloma es espectacular, es inteligente, gratitud infinita por la valentía de Vicky, Juan Daniel Oviedo y Cárdenas ayudarían enormemente a volver al equilibrio fiscal y a la optimización del gasto.
Volvamos al reinado, a las pasarelas. Yo prefiero la pinta de Sergio que la de Abelardo; ese rechazo a esa máquina de ahorcar vuelta vestido —la corbata— es definitivamente un éxito en Fajardo. En moda, Sergio, soy tu seguidor número uno; hasta te compro si montás tu propia marca. Si no ganás, por lo menos emprendamos y les montamos competencia a las marcas de ropa de Abelardo, aunque tendría que ser Abelardo el presidente. A la más fea le “repugna” toda estética que provenga de la creatividad capitalista.
Desgraciadamente, el mal de Petro no se puede solucionar con pañitos tibios. Es como curar una fiebre por septicemia con recetas caseras de la bisabuela. Tal vez la amputación de la pierna gangrenada genere más dolor, pero también más posibilidades de supervivencia. ¿Cómo bajaría Sergio el gasto público sin subir impuestos? ¿Es capaz de recortar y, a la vez, manejar un “estallido social”? En seguridad, puede que coincida un poco más con Sergio, pero la situación en este momento no requiere actuar de la forma necesaria -con protocolos-, sino de la posible -con resultados-. Es como con Maduro, ¿lo sacó el derecho internacional? Era la forma necesaria, pero ¿posible? Llevan 26 años pidiendo apoyo a los “países democráticos”, marchando en paz; el nobel de María Corina es por eso, por nunca salirse del necesario del canal institucional, eso, en el caso venezolano es heróico. Frente al reinado y a Trump, un llamado, una apelación a la unidad desde Fajardo hasta Abelardo: ¡Fuera Petro!
BIBLIOGRAFÍA
Nietzsche, Friedrich. Aurora: Reflexiones sobre los prejuicios morales. Edición de Kindle.
Taleb, N. N. (2018). Skin in the game: Hidden asymmetries in daily life. Allen Lane.
Toro Restrepo, Daniel (2025, agosto 6). Navigating the uncertainty and volatility of Trump’s tariffs. TheEconomos.com. https://theeconomos.com/hola-mundo/
United States Department of Justice, Office of Public Affairs. (2026). Superseding indictment in United States v. Maduro et al. (No. 1422326). U.S. Department of Justice. https://www.justice.gov/opa/media/1422326/dl







