viernes, 17 de julio de 2009

DOS DÍAS QUE DURARON UN AÑO

Hoy no me paré de la cama, no sé por qué pero C`est la vie. Anteayer estaba muy contento, todo iba bien, nunca había estado tan alegre como ese día. La vida me sonreía todo era hermoso, alegría, blancura. Estaba contigo mujer, eras mediana, de hermosos ojos verdes de los que emanaba una mirada tierna, dulce y profunda. Tenías un pelo hermoso que se unía perfectamente con tu presencia. No puedo seguir describiendo tu belleza por la escasez de palabras frente a la realidad. Nunca pensé que pudiera encontrar a alguien así en los sueños, pero te encontré en la realidad: eras una visión verdadera.

Suena una canción y con ella evoco los recuerdos y la nostalgia de lo que fuiste. Eras una artista tierna, cada movimiento me evocaba una linda música que solamente veía en ti. Tenías muchas cualidades personales, recuerdo esa generosidad y ese cariño con el que recibiste ese niño que estaba a punto de perder los recuerdos felices o a esa anciana abandonada del devenir vital. Me enamoraba cada detalle, sentía eso tan hermoso como tus besos cálidos, profundos y suaves. Momentos de franqueza absoluta, dos seres sumando uno fundidos en el mismo sentimiento. Eras poesía, aquello que había perseguido durante muchos años…Recuerdo tus suaves caricias propias de la hermosura de tu alma. Tus caricias eran más que simples contactos de los cuerpos de quienes se aman, eran ambas almas manifestándose en el espacio físico. Cada momento, cada risa, cada gesto, cada palabra: todo era una hermosa unión de dos seres que se aman. No sabía qué era el amor hasta que apareciste tú…

Mientras evoco tu recuerdo sigue sonando el radio, que prendí sin siquiera pararme de la cama. Continúo acostado tengo mucho hambre, son las doce y media del día y sigo aquí mirando para el techo pensando sin pensar, queriendo morir sin quererlo. Los libros están regados por toda la pieza, la ropa en la silla del escritorio –enemiga sin culpa de mi pobre existencia- está llena de ropa, calzoncillos, medias, camisas, todo arrugado como si eso no importara; si mi papá viera el desorden se pondría furioso y quién sabe qué diría algún chismoso. Permanezco allí, viviendo momentos donde la ausencia pareciese que es lo único existente. Mi hermana no está, no me he bañado y estoy sudando. Me siento embobado, estúpido, irresponsable, indigno. No bajo a la cocina a comerme nada porque antes me unía tu presencia, ahora me salen raíces que me hacen prisionero de la cama.

Mientras estabas tú era, ahora simplemente existo. No me hallo. Me resigno, soy el ser más insignificante, aunque todos intenten demostrarme que no lo soy. ¿Cómo es posible que anteayer hayamos salido tú y yo y ahora sin querer me quiero morir? Muchas preguntas empiezan a dar vueltas en mi cabeza, girando como un carrusel pero más rápido que la luz… Lo único que quiero hacer es dormir, pero irónicamente, es más imposible que pararse de la cama.

El teléfono ha sonado varias veces, muchos números han llamado excepto el tuyo, cuentas pendientes, trabajos de la universidad, unos cuantos amigos pero no estás en ninguna parte. Esa soledad sigue en aumento, mientras que los sonidos del celular y del teléfono aumentan en intensidad para hacerme más desesperante esta melancolía causada por tu ausencia.

¿Dónde estás mi vida? Grito y solo se oye en mi mente un eco que me contesta: “la vida no está, no existe, se ha ido…”. Mientras anteayer estábamos juntos y felices, ayer desapareciste. Habíamos pasado una noche de alegría, besos y caricias, sentía y entendía el hermoso lenguaje de tus miradas. Pero ayer, ¿qué pasó ayer? Es como si ese día hubiera desaparecido de mi memoria. Se fueron mis recuerdos, como te fuiste tú mi vida y mi amor. Solamente me acuerdo que te perdí ayer, y que hoy no fui capaz de levantarme de la cama.

Prendo el televisor como para no sentirme tan inútil, salen esas bellas y falsas sonrisas propias de las presentadoras de noticias: Hugo Chávez el payaso de la televisión rompió su relación con la estrella ecuatoriana Rafael Correa. El mundo está a punto de acabarse y siguen ese sentimiento de alegría profunda de las presentadoras cuando difunden el chisme de 50 muertes en el Magdalena medio por inundaciones. No entiendo cómo lo hacen, porque a mí cada que llego de escuchar los casos de la gente me dan ganas de vomitar. Y con tanto cinismo pasan a las noticias deportivas: una calva brillante expresa de la manera más “imparcial” los resultados de los partidos futbolísticos. Y para el colmo del cinismo pasan a las “buenas noticias del entretenimiento” en las que revelan los gastos en operaciones de una vieja tan fea como A. G. Finalmente lo apago porque no me puedo morir más de lo que estoy.

Mi vida ¿por qué te fuiste? ¿Acaso no era digno de tu hermosura? Vagamente recuerdo a alguien diciéndome algo “profundo” y “original” ayer: -no te preocupes ya vendrá una mejor. Solamente he tenido dos novias, tú “la belleza” y una mujer que se estresaba hasta si respiraba en el momento inadecuado. Tú siempre dejaste que te amara, que te diera las cosas buenas que un insignificante como yo podía darte. Je t`aime encore así hayas desaparecido entre las sombras y yo no pueda hacerlo por mi naturaleza muerta.

Son las dos y media de la tarde, mi hermana toca la puerta de mi pieza pero no le contesto. Cualquiera pensaría de una manera “lógica”: -“Maleducado, inconsciente…”. Sí, hasta yo lo pensaría, pero ¿cómo es posible que un muerto responda a la puerta? Por estirarme me levanto de la cama, siento la pijama sudada y sucia, el simple hecho de pararme me marea. Tengo lo que podría llamarse “guayabo existencial” no me acuerdo cómo fue ayer, pero estoy seguro que tomé nada. Solamente existir me hace sentir borracho. Mientras tú mujer eras el todo, anoche me emborraché de nada, vi la nada de la existencia y por eso estoy enguayabado. ¿Qué tan grave será el envenenamiento de nada?

Desde anteayer han pasado varios días, pero anteayer sigue siéndolo porque aún continúo acostado sobre el mismo lecho, con la misma pijama, mirando los mismos barrotes en el techo. Intento mirar por la ventana de la existencia y se ve la pieza reflejada en ella: soy un miserable. Prisionero de la cama me empiezo a enloquecer y a desesperar, ahora ya tu recuerdo no es motivo de alegría a pesar de tu pérdida sino que me enfurece. Aún te amo, pero detesto que me hayas abandonado. No me puedo parar de la cama, he comido a medias los últimos días, o los últimos minutos de un día que parece una semana y una semana que parece un día. En todo caso, el tiempo es eternamente aburridor… sí, soy un muerto en el tiempo.

Ya mi desaparición empieza a generar chismes entre la gente. Transcribamos una conversación: -“No fue ese el que se ganó ese premio –dice una honorable ciudadana…el que se parece a Harry Potter” -“Imagínese, -dice C yo creo que se volvió perezoso o algo así.” Ante lo cual una hermosa metida añade: –“siempre creí que había algo raro en ese tipo”. Y de imaginarme esa conversación mi cabeza empieza a dar vueltas a una velocidad increíble e indescriptible. Empiezo a pensar –Siempre supe que era raro –Nunca serví para nada –Solamente tú me dabas sentido y no estás -¿Por qué estoy así? –No entiendo nada –Este mundo es una porquería –Sin ti es una porquería –Qué asco estar en una cama –Pero que asco pararme –Me quiero morir –Me quiero morir -¿Cómo me voy a morir con mi familia? –No me quiero morir, ya estoy muerto solo quiero dormir y no puedo –sigo vivo, porque respiro- –¿Dios dónde estás? -¿Para que me traes al mundo a padecer la nada? Y tanta borrachera de nada me empieza a desesperar. Cojo la almohada y con las manos la aprieto sobre mi cabeza como si eso hiciera que no pensara, que parara.

Aunque pasan semanas anteayer sigue siendo anteayer. Así que puede que sea 13 de mayo pero para mí todavía es 21 de abril. Esa mañana llega K. a mi casa, me trae unas galletas y unos chocolates. Su sola presencia me anima un poco y me levanto, desayuno y me baño. Me saca de la casa y dejo mi prisión y mi refugio, durante unas eternas horas que parecen un momento. La noche era mi día y mi día la noche, por eso, la luz me hace sentir como un vampiro que salió de su ataúd a buscar sangre y no aguantó la luz del sol. No quiero que nadie me vea, que nadie me hable, solamente almorzamos –aunque no comí nada-. Llego a clase con ese guayabo existencial ocasionado por tu ausencia, no entiendo nada, no he leído, no sé en que vamos, el cadáver andante se sienta en una silla. “No, no te acerques a menos que quieras tocar un muerto.”-pienso cuando veo la gente. Me hacen una pregunta, la boca modula la primera respuesta para salir de semejante problema no apto para muertos.

Aunque el psicólogo dijo que era mejor que saliera, me siento peor después de eso. Es que todo me hace sentir peor y lo que no lo hace lo siento neutro. Suena por variar la música de Ricardo Arjona, vivo porque aún respiro, pero estoy muerto porque ya no actúo. Sin embargo, todos creen que mi salida a la calle es motivo para creer que puedo cargar con las obligaciones de un vivo. Entonces me dicen que pague el agua, que pague la luz, que haga este y aquel trabajo y un favor para V. Y vuelve el hermoso carrusel de pensamientos –No sirvo para nada, -Soy un irresponsable, -No sirvo ni para hablar mierda. Hasta que alguien me dice inútil y estallo. Quiebro botellas, tiro puertas, rompo cobijas, quiero soltar mi desesperación en algo, pero cada vez se adueña de mí el dolor de tu ausencia, la desesperación, la borrachera de nada. Ninguna cosa funciona, toda la realidad se estremece entre las sombras…

Ha pasado un año pero anteayer sigue siendo anteayer. Hace un día que te fuiste, hace un año que te fuiste y paradójicamente es el mismo tiempo. Empieza anochecer esta larga noche, en la que el insomnio fue lo único que me hizo sentir muerto. Sé que mañana me encontraré con Dios, Él me mostrará que la esperanza sí existe y quizás pasado mañana volverás mi amor…

DANIEL TORO RESTREPO.
DICIEMBRE 7 DE 2008. LAS PALMAS, ENVIGADO, ANTIOQUIA, COLOMBIA

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